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Tu cuerpo tiene pequeños territorios sin bandera,
poblados de duraznos, de panes, de pinares.
Reconozco cada palmo de tu piel
como si a ella hubiera sido destinado.
No se sorprenden mis manos laboriosas
abriendo senderos en tu desnudez de luna.
Sé del rumbo que lleva al agua de tus labios.
Y cierta llanura manzana o cielo derramado.
Tu cuerpo revela secretos azares
y sus honduras son la casa mía.
Allí respiro de tu mansedumbre
y salto a la tierra a celebrarte.
gabriel impaglione
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